miércoles, 14 de noviembre de 2012

CUANDO HE VISTO MORIR ALGUIEN QUE AMO......



Cuando muere alguien que amo, desaparece lo superfluo de mi vida, por un instante puedo sentir el amor y el perdón.Cuando muere alguien que amo, mis miedos se desvanecen por un instante y hago actos de altruismo y valor, desconocidos en mí.
Hasta que murió alguien que amo, pude comprender el sufrimiento de otros con experiencias parecidas.
Cuando muere alguien que amo, doy las gracias por lo bueno que trajo a mi vida y de lo malo ni me acuerdo. Me llama la atención de que en vida, hacía exactamente al revés.
Cuando muere alguien que amo, comprendo que lo importante de la vida, es compartir, escuchar, impulsar y amar. Me llama la atención que no recuerdo a la persona que murió por los regalos ni lo material, sino por el tiempo que convivimos juntos.
He visto sorprendido, que muchas personas no tiene acceso a estas mismas experiencias, pero que la vida es tan generosa, que les brinda repetidamente la experiencia de ver personas que ama morir, para por fin entender uno de los más grandes secretos de la vida.
Pude comprender que las personas se sienten vacías, cuando se enfocan en el hacer, en el trabajo y descuidan la convivencia. El espíritu se alimenta del amor que nace de la convivencia ¿Cómo voy a sentirme feliz aunque sea rico, si dejo de disfrutar y amar a las personas?
He visto a personas a punto de morir, que lo único que quieren es pasar el tiempo con las personas que aman y darles las gracias. Dejan de quejarse, aceptan y aman.

Me he dado cuenta, que aunque ame a la persona que se va, en el fondo no lloro por ella, sino por mi dolor de sentirme abandonado, de que no me preparara para su partida, de que me dejara muchas responsabilidades. Es un dolor egoísta en verdad. Sorprendido de haberlo descubierto.

Cuando muere un atardecer, puedo recordar esos tonos rojos en mi corazón. Cuando voy de viaje y tengo que partir, es una pequeña muerte, pero llevo dentro de mí los recuerdos, el dolor y el agradecimiento por los momentos vividos.
Y después de la muerte ¡sigue la vida! un nuevo día, una nueva pareja, un nuevo lugar que visitar, bebés que nacen.
Lo malo, es que se me olvida y tengo que recordármelo una y otra vez.
Edgar Martínez 




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